estudiantesInvadidos por fuertes cantidades de información, los niños y jóvenes privilegiados acuden con sus “vírgenes mentes” (hoy, gracias a la tecnología y la decadencia de los valores, la virginidad mental parece ser historia al momento de tomar consciencia) a centros de adoctrinamiento, más que de enseñanza.

Muchas veces, una especie de determinismo cultural coloca a las afortunadas víctimas en trampas, de distintos colores, pero trampas al fin. A unas se les pinta la mente de rojo, otras se aislan en burbujas de comodidades superficiales y al resto, una mezcla de todo con esencia de nada les pinta el corazón de un gris indiferente. Con esto, se les amputa la capacidad de pensar y deducir por sí mismos la realidad en la que viven.

Y es que como Adolfo Aristaraín declamara magistralmente en su película Lugares Comunes: “Enseñar es mostrar, no adoctrinar”. Leer nota de Guatemala completa …