Foto: www.deborahdavidonline.com

Livingston la vio nacer en el seno de una comunidad Garífuna y de familia humilde muy trabajadora. Desde pequeña se interesó por el mundo de la moda y el modelaje gracias a algunas revistas que llegaban a sus manos. A través de ellas, millones de sueños iniciaban el proceso de creación, no sólo de una gran imaginación, sino de una extraordinaria capacidad para transformar sus sueños en realidad.

Desde los 7 años, sus sueños de ser una modelo famosa se hacían acompañar del pan de coco que su madre elaboraba para vender. Déborah David nunca imaginaría que su esfuerzo y el de su familia le permitirían viajar a la Ciudad de Guatemala para estudiar la carrera de Ingeniería en Sistemas, lo cual acompañó con la práctica disciplinada de atletismo.

Poco a poco y sin darse cuenta, “Debby” (como la llaman sus amigos) se descubrió en una carrera acelerada hacia la consecución de sus mayores anhelos: convertirse en una famosa modelo internacional. Fue así como descubrió que, como élla misma afirma:
“Si Dios nos ha dado el don de soñar, es para llevar esos sueños a la realidad”.

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