FOTO: Agricultor del Volcán de Pacaya por ImgDOS, bajo licencia Creative Commons.

Autor: Víctor A. Arana
(Víctor Santa Rosa)

Yo sé que la vida es efímera y perecedera,
que Tu suprema voluntad me tiene exiliado,
en esta soledad, triste mi alma persevera,
en espera de mi retorno tan añorado.

No dejes que muera extranjero, lejos de la Patria Mía,
que mis carnes fertilicen tan benditas tierras y sus cultivos,
prefiero una humilde tumba a esa loza fría,
sentir el calor de mi gente y el llanto de fieles amigos.

Déjame morir con los míos, que mis mortuales den fruto,
no han de podrirse en suelos de perpetuo desprecio,
quiero en mi Patria, ser sol, ser lluvia, ser viento,
el consuelo para el que llora o viste de luto.

Quiero libre deambular sus polvorientas veredas,
en etérea visita reposar en sus humildes jacales,
alentar al paisano que en honrada pobreza persevera,
en unido deleite al aromático café, los frijoles y tamales.

¿Quien no añora reposar en sus amados suelos?
Noble Madre que acoge nuestros despojos.
Es por ello Oh! Señor de Señores, Rey de los Cielos:
¡Que no muera extranjero te pido de hinojos!